Hoy os escribo sobre las creencias de la muerte. Y es que a pesar de toda la gente que ha fallecido a lo largo de los años, la muerte es una gran desconocida, se habla poco, se estudia poco, y de la cual, no es sorprendente, se sabe más bien poco. No es de extrañar que existan y persistan muchas creencias erróneas que impiden la elaboración del duelo y que en su variable más rígida pueden llegar a provocar un grado de sufrimiento muy alto. Aquí tenéis algunas de las más importantes:

 

  • Se tiene dominio sobre la muerte, que se podría haber evitado. Muchas veces con un trasfondo de fantasía de inmortalidad (toda muerte es evitable, nadie tiene porqué morir). Todo ello acrecienta el reproche hacia los que no la evitaron o hacia uno mismo, y bloquea la elaboración del duelo.
  • Hablar de la muerte puede provocarla. Esto puede condenar a una familia al mutismo: no hablemos porqué podemos atraer la fatalidad. Es justo al revés, todo lo contrario, hablar y compartir puede reducir la ansiedad y las conductas de riesgo que supone el estrés.
  • Hablar de la muerte produce el dolor. Las personas responsables de la familia creen que si lloran o se muestran tristes generaran inseguridad en la familia. Es la muerte en sí lo que produce el dolor. Ritualizar y hablar cada cierto tiempo de ello, lo contiene, le da forma, lo focaliza en un momento y en un espacio: dando lugar para que los sentimientos, las emociones y el dolor se puedan expresar. Lo que produce más ansiedad es nombrar el fallecimiento y no cuidar un tiempo para expresarse.
  • Olvidar alivia. La verdad estructura la vida: necesitamos saber lo que pasa, qué sentido tiene o tuvo, por qué nos sentimos así, lo que quedo pendiente… Desconectarse obstaculiza para resolver los problemas, el sufrimiento se mantiene internamente, pero la persona no puede manejarlo. La ansiedad termina manejando a la persona.
  • Temor a afligir a los demás miembros: emocionarse o llorar, puede ser la mejor manera de liberarse y facilitar que los demás puedan expresar juntos la pena. Exteriorizar las emociones le da un cauce al sufrimiento. Nuevamente el marasmo, la parálisis, el mutismo y la incomunicación son situaciones que pueden afligir y dañar seriamente a las familias.

 

Fuente: Jiliberto Herrera, A. (2016). El duelo constructivo. Madrid: EOS.

 

Gracias por vuestra atención.

José Luis Miranda Fidalgo

Psicólogo sanitario colegiado 22.738

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Mi despacho esta en el centro de Barcelona, en la calle Rosselló, nº 17 pero también realizo terapia a domicilio para aquellas personas que tengan dificultades para asistir a mi despacho de psicología de Barcelona.
 
 
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