¿Crees que el pesimismo es algo que no puede ser positivo? Hoy pondré en duda esta afirmación hablándote sobre un mecanismo de defensa algo devaluado: el pesimismo defensivo.

 

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Todo mecanismo de defensa tiene como objetivo principal preservar la autoestima, el auto concepto, la integridad emocional y el perfil social. Se elaboran muchas veces inconscientemente y favorecen la adaptación y la supervivencia, especialmente en situaciones penosas o difíciles de sobrellevar. Sin duda hay muchas situaciones que atentan contra nuestro entusiasmo vital que mediante un sabio uso de mecanismos de defensa podemos neutralizar, disfrazar, minimizar o negar.

 

El pesimismo defensivo como su nombre indica es un mecanismo que intenta estimular la fuerza positiva del pensamiento pesimista para transformar ansiedad y miedo en acción. Consiste en esperar lo peor con el objetivo de preparase para las posibilidades de fracaso y la desilusión que acompaña a este. Dicho de otro modo, considerar y preparase para lo que podría salir mal. Por ejemplo: tener un plan B por si nos pueden dejar plantados, dejar la ropa preparada el día antes, por si creemos que no nos puede dar tiempo, o informarse de las condiciones de devolución y reembolso si prevemos que el producto o servicio adquirido no lo vamos a usar.

 

¿Es una buena estrategia?
Como puedes ver se crean expectativas bajas ante situaciones difíciles con el propósito de condicionarse ante todo aquello que pueda ir mal y preparar una buena barrera defensiva. ¿Es adaptativo? Desde luego que sí, ya que nos preparara para los golpes y consecuencias que puedan venir: transformando la ansiedad, miedos y pensamientos catastrofistas en acciones para evitar los posibles contratiempos y dificultades. Incluso mejora nuestro rendimiento y salud psicológica a largo plazo, ya que las desilusiones serán amortiguadas evitando erosiones a nuestro auto concepto, estado de ánimo e integridad.

 

¿Puede ser peligroso?
Pues también, ya que si este mecanismo es demasiado rígido puede generar dudas persistentes sobre nuestra propia habilidad. Si pensamos continuamente en lo que puede ir mal y que no seremos capaces de lograr, podemos caer en una espiral de catastrofismo e indefensión que puede hacer que no nos movilicemos en absoluto, quedándonos solamente preparados para recibir el golpe. Es importante reflejar que un buen uso de esta estrategia requiere precaución a la hora de hacer una atribución correcta: distinguir cuando las cosas han salido mal por un motivo interno (un error nuestro), uno externo: por circunstancias ajenas a nosotros o mixto (mezcla de ambos). Una atribución errónea continuada basada únicamente en motivos internos hará mella en nuestro estado anímico y psicológico. Lamentablemente es un grave y frecuente error el pensar que todo depende de nosotros, cuando muchas veces es solo una parte o simplemente no lo es.

 

En conclusión, el pesimismo defensivo es una actitud completamente valida y útil que no es necesaria modificar cuando los resultados obtenidos son los esperados y deseables: un desarrollo continuado o ir haciendo, pero con habilidad y recursos para sortear las dificultades o altibajos. Preparase para lo peor muchas veces puede ser lo más productivo que podemos hacer. No es recomendable para muchas personas, pero si para aquellas que tienen o han desarrollado habilidad para usarlo con conciencia, flexibilidad y conocen los peligros y ventajas de su uso.

 

Gracias por leerme,
José Luis Miranda
Psicólogo sanitario colegiado 22.738