De vez en cuando aparece en los medios un caso de bullying: un niño o niña se suicida y eso ocupa fugazmente algún titular de algún periódico o telenoticias. Sin embargo, este eco mediático se suele ir como vino y el tema cae en el más absoluto de los olvidos en cortísimo espacio de tiempo. Me produce muchísima tristeza, confirmar una vez más, que a pesar de que el bullying o acoso escolar ocurre diariamente en la mayoría de nuestros colegios, nuestros niños y niñas parezcan ser ignorados y abandonados a su suerte.

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El tipo de bullying mas mediático es entre alumnos: cuando uno o varios alumnos acosan a otro. ¿Pero qué pasa cuando el que ejerce bullying es el propio profesorado? Hoy os hablare de este tipo de bullying vertical del que se habla tan poco.

 

Es justo, antes de empezar, decir que existen profesores encantadores y empáticos que conectan con sus alumnos para convertirse en una fuente de aprendizaje y seguridad. Estos maestros dejan una huella muy positiva en los alumnos, pero también existen los que se aprovechan de su situación para poder acosar y hostigar a los alumnos.

 

¿Qué tipos de bullying puede hacer un profesor?

Acoso activo
Este abuso de poder puede tomar diversas formas: desde dejar a un niño sin recreo, mandarle al pasillo, hasta ridiculizarlo en público o insultarlo por no haber traído los deberes o por algún error. En casos muy graves se han llegado a gritos, insultos, golpes en la mesa donde está trabajando e incluso lanzamiento de objetos. Muchas veces son justificadas por el profesor que comete acoso como una llamada al orden o un “así deja de molestar”.Algunas instituciones pueden incluso fomentarlo al priorizar el orden y la disciplina por encima del cuidado y el aprendizaje.


Tristemente, algunas de estas prácticas son habituales en algunos colegios, por los que alguien incluso podría parecerle ridículo llamarlas acoso o incluso llamarlo “disciplina”. Pero lo cierto es que estamos hablando de niños, que están en periodos complicados y críticos de su desarrollo como personas. A veces incluso con problemas en su casa (fallecimientos, familias desestructuradas, cuidadores enfermos, etc.).Y suelen salir muy heridos.

 

Omisión de ayuda
A veces son otros niños los que acosan, pero el profesor no hace absolutamente nada para ayudarlos, simplemente mira hacia otro lado. He escuchado a profesores diciendo que son “cosas de niños” o que su única tarea es formar y que estén en silencio para que aprendan el temario. Resulta muy preocupante de que responsables de cuidar a los pequeños durante las horas en que los padres no están, no se hagan responsables de lo que pueda pasar.

 

Encubrimiento
Puede ser que el profesor o profesora haya detectado a un compañero que esté haciendo acoso, bien por quejas de los padres o de haberlo observado y decida taparlo por una falsa idea de solidaridad entre colegas de profesión o por no manchar la reputación de la escuela o instituto. Es habitual que un caso de bullying se haya tenido que repetir continuamente y exista presión para que la comunidad educativa ponga en marcha mecanismos de sanción y corrección.

 

Consecuencias
El efecto más claro del acoso se produce en la autoestima de la víctima. Los niños que están construyendo su auto concepto y explorando el mundo se encuentran de repente con un aluvión de ataques. Su autoestima queda gravemente dañada, interiorizando una pobre imagen de sí mismos y entrando en un círculo vicioso de desamor y desprecio.

Este efecto puede ser extremadamente brutal cuando la víctima ya tenía una pobre imagen de sí mismo y/o estaba pasando por un mal momento: padre o madre enfermos, familia desestructurada, fallecimientos, etc. Pero además se le suma la desconfianza hacia las autoridades y el sistema: los que tenían que protegerle y formarle lo atacan, colaboran o lo ignoran. A parte de las consecuencias nefastas del bullying, puedes ver aquí mi artículo sobre el tema, la persona que lo haya sufrido, lógicamente, tenderá a desarrollar desconfianza y una visión muy hostil del mundo y de los demás.

 

Testimonios:

Por ultimo os dejo algunos testimonios anónimos para que podáis conocer algunos relatos de primera mano.

 

Tenía la sensación de que las profesoras me odiaban, que siempre estaban pendientes de mí y ante la menor de las excusas me expulsaban al pasillo de cara a la pared. Muchos días los pasaba más allí que en clase. Recuerdo un día que un compañero estornudo y yo le dije “salud” e inmediatamente: “¡Al pasillo!”.

 

Empezaron a hacerme bullying en el instituto y pase de sacar notables a suspenderlo todo. Un día uno de los profesores, de esos que habían mirado a otro lado, cito a mis padres y dijo que “yo no valía para estudiar y que era mejor que me pusiera a trabajar de cualquier cosa, que nunca llegaría a nada”.

 

El día que me di cuenta de que mi clase me odiaba fue cuando se organizaron los premios naranja y limón, el ultimo lo gané yo. Con el beneplácito del profesor, en medio de clase, hicieron unas votaciones en que eligieron la persona más simpática (naranja) y la más antipática (limón) usando unas urnas y papelitos como unas elecciones. Lo recuerdo con mucho dolor.

 

Estábamos en octavo de EGB, y esa profesora que me decía continuamente que era un inútil acababa de tener un niño. El resto de clase decidió que se le haría un regalo conjunto y me presiono para que yo participara también con un poco de dinero. ¡Jamás he vuelto a colaborar en un regalo tan a disgusto!

 

Un día me encontré con una antigua compañera de clase y me explico que tenía un gran recuerdo de los profesores y eso le animo a ser profesora ella también. ¡Me sentí como si estuviera loca por pensar todo lo contrario!

 

Nunca he querido ir a las reuniones de exalumnos del colegio. Tengo un mal recuerdo de todos ellos, tanto profesores como compañeros de clase.

 

Mi padre fue hablar con el director, tuvieron una gran discusión y el colegio me tacho de mentirosa. Al día siguiente la profesora me insinuó que mi padre era un borde y de que tal palo tal astilla

 

 

Y hasta aquí el artículo de hoy. No me quiero despedir sin dar ánimo a las personas que hayan pasado por algo así. Y recordarles que todas las consecuencias se pueden disipar, aunque algunas veces necesitaran ayuda.

 

Muchas gracias por tu atención.

 

José Luis Miranda Fidalgo
Psicólogo colegiado 22.738